La menopausia no es una transición fácil. A la mayoría de las mujeres nunca se nos enseñó realmente qué esperar. Nuestras madres rara vez hablaban de ello y muchas de nosotras las vimos pasar por ese proceso en silencio y sin orientación médica. Con demasiada frecuencia, las mandaban a casa diciéndoles que simplemente tenían que aguantarse, que la menopausia era solo otra etapa de la vida que había que soportar en lugar de comprender y gestionar correctamente.
Como mujeres de la Generación X, no estamos programadas para simplemente hacernos a un lado y aceptar lo que venga. Buscamos información, educación y soluciones reales para este nuevo capítulo de la vida.
He entrenado la mayor parte de mi vida. De niña era nadadora de competición y aprendí pronto lo que eran la disciplina y dedicación al deporte. Como adulta, el entrenamiento físico se convirtió en mi vía de escape, mi terapia y mi botón de reinicio. El kickboxing, spinning, yoga, boot camps, entrenamiento con pesas y el SUP moldearon un cuerpo fuerte y atlético. Aprendí sobre entrenamiento nutrición, recuperación y rendimiento. Creía que si entrenas con inteligencia, tu cuerpo responde.
A los 47 años, esa creencia se tambaleó. Sin motivo aparente, sufrí una triple hernia cervical que requirió una cirugía de fusión. Aproximadamente al mismo tiempo, me diagnosticaron artritis en ambas rodillas y necesité cirugía. De repente tenía seis tornillos y dos placas de titanio en el cuello y dos rodillas artríticas, a lo que se sumaban mis dos discos lumbares abultados y degenerados que tengo desde los 25 años y sin mencionar que me habían extirpado parte del pulmón derecho a los 21 años debido a un tumor benigno. Era mucho, tuve que retirarme del SUP competitivo. Fue devastador.
Un año después, tras un reseteo mental y una fisioterapia implacable, volví a remar en el agua y a entrenar en el gimnasio, sintiéndome fuerte y sólida de nuevo. ¡Incluso participé en una carrera de SUP y acabé en tercer lugar!
Luego, a los 52 años, las cosas volvieron a cambiar. Desarrollé codo de tenista, empecé a tener sofocos, poca energía y un sueño inquieto. Sabía que probablemente estaba empezando la menopausia, pero le echaba la culpa de casi todo a mi agenda tan activa y ocupada. No hice ningún cambio real, pensando que acabaría pasando. No fue así. En lugar de eso, seguí forzando e ignorando lo que mi cuerpo intentaba decirme.
A los 54, empezó el dolor de hombro. Asumí que era por sobreentrenamiento, pero después de meses de dolor, resultó ser un desgarro de hombro: mi supraespinoso, un tendón del hombro derecho, estaba hecho trizas. Probé tratamientos no invasivos, pero no hubo mejoría. Una vez más, tuve que aceptar que necesitaba cirugía. Sin embargo, poco después, desarrollé un dolor en los isquiotibiales y los glúteos que no desaparecía. Una resonancia magnética reveló dos desgarros más. Me pregunté: ¿qué demonios le está pasando a mi cuerpo? ¡Me estoy desmoronando!
Por un momento me sentí derrotada, me sentí traicionada por mi propio cuerpo. Pero también sabía que ya me había reconstruido antes, aunque esta vez quería respuestas. Hablar con mis hermanas y amigas, que estaban pasando por lo mismo, empezó a abrir una avalancha de información y me despertó la curiosidad por saber más.
Lo que no entendía del todo era hasta qué punto el descenso de las hormonas, especialmente de los estrógenos, afecta directamente a la recuperación, la inflamación, la salud de los tendones y la reparación muscular. Seguía entrenando como si tuviera 30 años, pero mi cuerpo ya no lo era.
La TRH (terapia de reemplazo hormonal) había surgido en muchas conversaciones, pero me sentía aprensiva al respecto por la mala fama que tenía en relación con el cáncer. Mi madre, mi hermana y una prima sufrieron cáncer de mama y temía que la TRH pudiera afectarme. Tras hablar con una de mis mejores amigas, que casualmente fue la persona que me introdujo en el SUP, ella me animó a hablar con un médico experto en menopausia y a empezar con la TRH; a ella le había cambiado la vida e incluso, en su caso, le había evitado cirugías.
La conversación con mi médico fue educativa y reveladora. Me explicó que con mi estilo de vida activo y la bajada de estrógenos y otras hormonas probablemente contribuyó a que mis lesiones no se repararan adecuadamente. Me recomendó empezar con la TRH y me explicó cómo podría mejorar de forma significativa mi recuperación, mi salud general y mi calidad de vida.
Hoy en día, más investigaciones y datos actualizados han llevado a la eliminación de las etiquetas de advertencia sobre el cáncer asociadas anteriormente a el TRH, brindando a las mujeres otra oportunidad de mejorar su calidad de vida. En mi caso, el cáncer en mi familia no era genético, lo que me alejaba de tener un alto riesgo de desarrollarlo.
Después de que los análisis de sangre mostraran niveles hormonales extremadamente bajos, empecé la TRH de inmediato y programé la cirugía de reparación del hombro. La diferencia ha sido notable. Mejoró la recuperación, mejoró la energía, mejoró el ánimo, mejoró el sueño y mi cuerpo volvió a aprender a curarse por sí solo.
Pero la cirugía y la TRH por sí solas no eran la solución. El entrenamiento debe evolucionar.
Menopausia y entrenamiento de SUP para mayores de 50
A los 55 años, no puedo entrenar de forma explosiva seis días seguidos ni hacer ejercico dos veces al día y esperar recuperarme al día siguiente. Mis entrenamientos ahora se centran en:
- Entrenamiento de fuerza con intención
- Volumen y duración adecuados
- Consumo adecuado de proteínas
- Días de reales de recuperación
- El sueño como prioridad
Menos explosivo, más intención.
Todavía estoy aprendiendo sobre este nuevo capítulo en la vida. Mi entrenamiento ha evolucionado, y aunque ya no compito en SUP como antes, sigo entrenando, levantando pesas, remando con regularidad y, ocasionalmente, participando en alguna carrera. Lo más importante es que sigo enseñando y compartiendo la pasión por el SUP, algo que realmente me encanta.
Uno de los recursos más valiosos que encontré fue el trabajo de la Dra. Stacy Sims, quien explica cómo la fisiología de las mujeres cambia en la perimenopausia y la posmenopausia, y cómo la nutrición, el entrenamiento de fuerza, el sueño y una recuperación adecuada se vuelven aún más críticos. A continuación, algunos de sus pódcasts más educativos; la información es vasta y transformadora.
Hay unos 34 síntomas de la menopausia; aquí tienes algunos de los más comunes:
- Sofocos
- Sudores nocturnos
- Epicondilitis / Codo Tenista
- Hombro congelado
- Fascitis plantar
- Túnel carpiano
- Disminución de la libido
- Sequedad vaginal
- Cambios de peso
- Cambios de humor
- Caída del cabello
- Niebla mental
- Dolor articular
- Osteoporosis y mucho más.
¡Es como una lista de regalos de Navidad aterradora en la que no quieres saber nada! El camino de cada mujer es distinto y no todas vamos a tener los mismos síntomas.
Entiendo que, al llevar un estilo de vida activo, las lesiones simplemente ocurren, pero esta vez me siento mejor informada y más preparada para afrontarlas. Si compartir mi experiencia ayuda a que al menos una mujer se sienta menos confundida o menos sola, entonces vale la pena.














